Teresa y Elvira

Nos fuimos con la maleta llena de experiencias, recuerdos y personas que siempre estarán en nuestro corazón.

Voluntariado en el país de las mil colinas (Ruanda)

Por fin había llegado el día de coger la maleta de las ilusiones y desembarcar en el país de las mil colinas y, como decía la Hna. Agustina, de los mil problemas y mil soluciones.

El país nos recibió con lluvias que durante todo el mes nos acompañaron pero esto hizo que el paisaje fuera espectacular, ninguna foto es comparable a lo que nuestros ojos gravaron.

En verdad, llegamos en un momento de cambios: el centro nutricional estaba en obras y en el centro de salud había relevo de cargos... Esto hizo que nuestra misión sufriera variaciones.

Nos sorprendió de forma positiva la organización del centro y la figura del “agente de salud” como velador de la salud de la gente de la colina. Como enfermeras que somos, también nos sorprendió la profesionalidad y responsabilidad que tenían las enfermeras, solo disponían de médico una vez al mes y eran ellas las responsables de visitar y tratar tanto a niños como a adultos.

Cada mañana colaborábamos en alguna sección del centro de salud: los lunes hacíamos visita prenatal, los martes y miércoles íbamos a las colinas con Sylvie a visitar familias y conocer sus necesidades o repartíamos retrovirales a los enfermos afectados por el VIH, los jueves ayudábamos a la Hna. Françoise con la rehabilitación de niños con deficiencias físicas y los viernes repartíamos la leche a las familias de niños desnutridos.

Por las tardes, como decíamos nosotras, íbamos a pasear por las “Rambles de Nyarusange”. Allí, las “abazungus” (blancas) llegamos a ser unas más en el ir y venir de gente. Compartiendo juegos con los niños y conversaciones con los adultos, ¿en qué idioma?

No nos faltaron momentos de diversión ni fines de semana conociendo el país, pero lo que puso la guinda al pastel fue visitar a la Hna. Josefa el último fin de semana, quedándonos impactadas con su vitalidad.

No tenemos palabras para describir la amabilidad de las hermanas, de los trabajadores del centro de salud y de todos los ruandeses que conocimos.

Y pasó el mes… nos fuimos con la maleta llena de experiencias, recuerdos y personas que siempre estarán en nuestro corazón.

Gracias:

Hna. Cristina por dejarnos y ayudarnos a conocer y vivir esta experiencia.

A ti, hermana Agustina, por compartir y darnos a conocer los momentos más difíciles y bonitos de la historia del país.

A las hermanas Primitiva, MªLuise, MªRose, Françoise, Cristiana y Oddette por vuestra alegría. Y a todas por abrirnos las puertas de vuestra casa y hacernos sentir en casa.

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