Instituto de Religiosas de San José de Gerona

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Hna. Melchora Terrados

"... Subió al monte y llamó a los que quiso... y vinieron donde Él" (Mt.10,1)

  • Hna. Melchora Terrados

Me llaman Hna. Melchora o la "Germana" en la actualidad y me encanta oírlo pronunciar. "Hermana" para mí, tiene una riqueza y significación tal que me hace sentir feliz cuando lo escucho. Unos me conocéis, otros no; me presento pues, de una manera emocional contando alguna pincelada de mi trayectoria vocacional.

Desde muy pequeña, entendí que era necesario ser consecuente ante los sentimientos y deseos propios. Los míos, al despertar la vocación, no estaban muy claros. Era muy niña y no sabía ni entendía qué era aquello de ser religiosa, como tampoco entendía la exigencia ni la trascendencia del compromiso; recuerdo sí, un momento significativo de esa etapa en el que me vi agarrada, presa, insegura entre el miedo y el orgullo.

Cuando apenas contaba ocho años en el pueblo se produjo una gran movida; cinco jóvenes decidieron hacerse religiosas, entre ella mi vecina, hoy hermana Eloína, y fue en ese momento cuando empecé a decir: ¡Quiero ser religiosa! ¡Quiero ser como ella!
Habían transcurrido tres años cuando la Madre Pujol se presentó un día en casa, y sentí miedo, me escondí; supongo que el miedo era a lo nuevo, a lo desconocido, a dejar lo que tenía: mis padres, hermanos, familia, amigos... pero paralelamente sentí también la fuerza del orgullo, que no me permitía volver atrás -manifestación de voluntad que me ha acompañado a lo largo de la vida-, y triunfó esta última. Era un 25 de julio de 1955. El 26 tomé el tren que me llevaría a Barcelona.

Después de varios años puedo decir que mi "Fe y Esperanza" es fruto de una experiencia larga y profunda, vivida como Religiosa de San José. Comencé al lado del enfermo muy joven, intentando comprender sus quejas ante el dolor, sus respuestas ante lo que no tiene respuesta, su conformidad admirable ante el misterio. He estado al lado de los niños queriendo dar claridad a sus interrogantes ingenuos pero no menos profundos; al lado del joven al que he admirado y sigo admirando y también he dado cachitos de mi vida en la asistencia social escuchando situaciones injustas, impregnadas de gran dureza y crueldad. La última la viví el día de Reyes de este año.

Hoy estoy ejerciendo mi misión en la Comunidad de Vila-Roja, rodeada de familias inmigrantes, de niños de cultura gitana, marroquina, hindú... Todo ello ha ido fraguando en mí un espíritu comprensivo y acogedor. Ha favorecido el que reconozca mi manifiesta pobreza y limitación para dar una respuesta clara y satisfactoria y lo haga con el pensamiento en el Jesús del Evangelio, que sana, cura, ayuda, comprende...

Las preguntas, las dudas, las decisiones e indecisiones han sido una constante en mi vida y así, después de haberme preguntado una y otra vez en qué pasaje del Evangelio o acción de Jesús encuentro mi forma peculiar de ser o de actuar, como Religiosa de San José, oigo una respuesta consoladora: en las" BIENAVENTURANZAS" y esta palabra me hace saltar de gozo porque si algo tengo claro en mi trabajo, es precisamente la voluntad de hacer mío el Sermón de la Montaña. "Bienaventurados los misericordiosos porque ellos alcanzarán misericordia".


Se que mi identidad como Religiosa de San José me exige tomar conciencia de que soy enviada a proclamar ese amor misericordioso de Cristo, asumido en reflexión y oración, y es lo más bonito que le puede suceder a una persona vocacionada.

Melchora Terrados, Girona, 30 de enero 2006

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