Instituto de Religiosas de San José de Gerona

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Hna. Martha Lilia Herrera

¡Hola! Soy Hna. Martha Lilia, colombiana. Actualmente vivo en Roma, donde estoy terminando los estudios de teología. Es una grandísima oportunidad que me ha dado el Señor de experimentar la universalidad de la fe y de la Iglesia en sus diferentes culturas y expresiones religiosas. Conocer de cerca al Papa y su magisterio ha fortalecido mi fe y mi confianza en la Iglesia.

  • Hna. Martha Lilia Herrera

Desde niña mi Madre me enseñó a rezar y me llevaba a visitar a los enfermos del barrio. A los 14 años hice la confirmación y me vinculé por invitación del párroco a la catequesis, y después también al grupo de jóvenes.

Cuando transmitía a los niños el Evangelio de Jesús me sentía muy contenta y realizada, y fu naciendo en mí el deseo de ser testimonio vivo de ese amor maravilloso y gratuito de Dios que yo quería infundir en los niños. Esta buena nueva de justicia, igualdad y misericordia de la que habla Jesús me impulsaba a trabajar por su reino, pues la realidad que tenía a mi alrededor era con frecuencia la injusticia, la corrupción y tantos conflictos de diferentes grupos en lucha.

Es así como yo digo que el gancho vocacional del que se valió el Señor para llamarme fueron los más pobres y desprotegidos. Me atraían las fiestas, el cine, los chicos, pero mi inquietud iba más allá de todo esto, yo sentía que Dios me amaba, me llamaba y solo él podía llenar mi corazón más que todo lo que tenía a mi alrededor.

Me costó decidirme a aceptar esta invitación que Jesús me hacía, pasaron algunos años, y aunque tenía un novio, no estaba convencida de que mi felicidad estuviese en el matrimonio, porque yo sentía que mi corazón era para los más pobres y desvalidos. Eso era lo que realmente me llenaba, así lo había experimentado en las diversas experiencias de misión que realizábamos desde la parroquia con el grupo de jóvenes.

Salí del colegio e ingresé a la universidad y comencé a trabajar de secretaria, no dejé nunca la parroquia. Llegó la hora de decidir mi vida y con la ayuda de un seminarista y de la Hna. Luzmira Castañeda, pedí una experiencia dentro del Instituto al que ahora pertenezco. Mi intención era venir por un mes, esto fue en 1991 y cada vez experimento con más fuerza que cuando Dios llama, ya nos ha dado la gracia para responderle.

He tenido la oportunidad de ejercer el apostolado del Instituto con los enfermos, carisma que nos transmitió nuestra madre fundadora Maria Gay Tibau. Es algo extraordinario hablar de Dios a una persona en un momento trascendental de la vida como es la enfermedad. Ayudar al enfermo a caer en la cuenta de la belleza de la vida, del valor de la salud, del misterio de la muerte y de la esperanza en la Resurrección. Sembrar la paz en el corazón del enfermo, consolarle, aliviar su dolor espiritual y físico es parte fundamental de la misión que el Señor ha confiado a mi Instituto.

Por voluntad de la madre general María Martínez tuve la oportunidad de estar un año en una de nuestras misiones en Guinea Ecuatorial, allí nuevamente experimenté que Dios ama a todos, dio su vida por todos y nos invita a mover nuestra solidaridad a favor de los menos favorecidos de la sociedad.

Estoy cada vez más convencida de que sólo Jesús puede llenar mi corazón y mi vida cuando yo en mi contacto diario con él a través de la oración me dejo modelar según su voluntad.

Hna. Martha Lilia Herrera
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200 años tras las huellas de Maria Gay Tibau